Garantizar diagnósticos precisos sobre el aire que respiramos en la capital exige ir más allá de las mediciones aisladas. Así lo plantea la investigadora Franchesca González Olivardia, quien señala la necesidad imperiosa de contar con estaciones de monitoreo continuo capaces de evaluar múltiples contaminantes a lo largo del tiempo. Durante la temporada seca, las quemas de masa vegetal elevan de forma alarmante los niveles de material particulado, mientras que los óxidos de nitrógeno generados por el tráfico e industrias sobrepasan los 25 µg/m³ diarios, vulnerando las normas de salud pública. Ante este panorama —estrechamente ligado a muertes prematuras y males como el asma, la EPOC y el cáncer pulmonar— la UTP impulsa un abordaje multidisciplinario en el que estudiantes de carreras ambientales, electromecánicas, de sistemas y navales diseñan prototipos y analizan datos de campo. Este esfuerzo académico no solo rastrea el impacto de vehículos y vertederos, sino que sienta las bases científicas para diseñar políticas públicas efectivas que protejan a la ciudadanía.