Escrito por: Mirta Rodríguez P.

Aunque la inclusión de Panamá entre los escasos trece territorios del mundo que cumplen la directriz de la OMS (4,8 μg/m³) parece un triunfo ambiental en el informe de IQAir, la investigadora de la UTP Franchesca González Olivardía insiste en leer las cifras con prudencia. La baja densidad industrial no nos exime del impacto local: las quemas de herbazales en temporada seca y los óxidos de nitrógeno generados por el tráfico capitalino —que sobrepasan con frecuencia los 25 μg/m³— demuestran que el aire puro no es una constante garantizada. Frente a las más de cuatro millones de muertes prematuras asociadas a la contaminación a nivel global y a los recientes alertas del Foro Económico Mundial, el estudio de fuentes específicas que encabeza la UTP apunta a consolidar redes de monitoreo continuo. Solo mediante datos reales y persistentes será posible fundamentar las políticas públicas necesarias para preservar este recurso cada vez más frágil.